Salta - Argentina: sábado 27 de noviembre 2021 00:31 hs.
«Dos años y medio sin escuela, aguas contaminadas e intentos de desalojo»

«Dos años y medio sin escuela, aguas contaminadas e intentos de desalojo»

Salta/Argentina (Por Deborah Valado para ANRed (1).- Al norte de la provincia de Salta, en la Comunidad La Esperanza, Rivadavia Banda Sur, los dirigentes indígenas denuncian el abandono estatal. La escuela primaria N° 4197 “Puerto Argentino”, de la misma comunidad, continúa sin edificio tras el desborde del Río Bermejo a principios del 2019. 80 niños y niñas wichis aún no han iniciado el ciclo lectivo debido a la falta de un lugar adecuado para el dictado de las clases y de la dificultad del traslado de los y las docentes por los deteriorados caminos vecinales.


“Se perdió la escuela. A los chicos les enseñan bajo los árboles. Y el comedor está en un rancho con una sola pared de palo bobo y un techo de chapa. Nuestra vida es una triste realidad”, entre lágrimas expresa Eulogio Puerta, presidente de la comunidad. Desde toda su vida, Eulogio trabaja para que sus hermanos indígenas puedan acceder a todos los derechos. Sin embargo, las conquistas todavía están distantes: “Yo vengo luchando y luchando y no pasa nada con mi gente. Llevamos notas al gobierno y no nos responden. Nosotros queremos que ellos vengan a ver lo que estamos pasando hace mucho tiempo. Es un dolor para mí”.

Estamos muy perjudicados”

Hace 10 años que por la crecida del río se retrasa el inicio de las clases. Solían comenzar en los meses de abril o mayo, aunque luego nunca se recuperaban los días perdidos. Dino Montes, auxiliar bilingüe de la escuela y representante de la comunidad, comenta que: “El río está a 100 metros. Más antes el edificio estaba aislado. La comunidad, también, estaba detrás de las aguas, por eso los chicos no iban. Tenían que esperar que los caminos se pusieran en buenas condiciones para asistir”. A partir que se quedaron sin edificio, todo se complicó mucho más. Tuvieron que improvisar las clases y la asistencia en distintos espacios de la comunidad. “Ahora en el comedor sólo se están dando bolsones, ya no más comida caliente. Al mes, se entrega un bolsón con tres o cuatro cosas por chico”, detalla Dino. Se había descartado que la cursada fuera en una escuela “rancho” – que ni siquiera está–, siendo así que el acuerdo fue construir un nuevo edificio en otra zona. Este año pautaron que los niños y las niñas regresarían a estudiar a mediados junio, pero aún no hay certezas ni tampoco se han realizado ninguna de las obras prometidas. Son las cinco de la tarde, a esta hora, aproximadamente, deberían sonar las campanas para el egreso en un día normal. Eulogio se para frente a los vestigios de la escuela y se pregunta: “¿Cuándo será que nosotros saldremos de toda discriminación?” Y agrega: “Urgentemente queremos que nos hagan valer nuestros derechos que tenemos como personas”. Los chicos y las chicas recorren entre las ruinas, las ramas, la arena, el barro y gritan: “¡Queremos escuela!”. Durante el recorrido, también, acompaña el Intendente de Santa Victoria Este, Rogelio Nerón. Como dirigente de la comunidad wichi se solidariza con sus paisanos y cuenta acerca del acuerdo, que había tenido al inicio de su gestión, para realizar el nuevo inmueble en la comunidad: “He tenido la oportunidad de estar con el Ministro de Educación de la Nación. Vino a visitar una comunidad de Alto de la Sierra. Habíamos pedido dos escuelas. Cuando volvimos al aeropuerto de Mosconi, el ministro me dijo que me daba una escuela para nuestro municipio de Santa Victoria Este y me preguntó si la otra la podía ceder para la comunidad La Esperanza, que también se había inundado. En ese momento, el gobernador de la provincia y el senador, Mashur Lapad, también pidieron el pase de la escuela y se comprometieron a construirla. Actualmente, están edificando una escuela en la comunidad de La Nueva Curvita, tras las inundaciones en lo que era La Curvita. Y ahora vengo a ver si la otra escuela que habíamos dado para este municipio de Rivadavia, también, se estaba construyendo, pero resulta que no, ni han comenzado las obras”.

Tomamos agua del río”

La falta de agua es uno de los mayores problemas que atraviesan las comunidades del Chaco Salteño. En este territorio, el acceso y la disponibilidad del agua se ven afectados, primero, por la escasez de obras de pozos someros y profundos. Segundo, por la poca profundidad de los pozos, la cual sólo alcanza el nivel de las napas contaminas o agua salada. Tercero, por la falta de construcción de redes de agua. Por último, la dimensión de los tanques ha quedado pequeña ante el crecimiento poblacional. Puntualmente, en la comunidad La Esperanza el abastecimiento cotidiano, mayormente, se realiza mediante la recolección de agua contaminada. “El agua que tenemos es del estancamiento de las cañadas. Esa es la que tenemos que tomar. Nosotros vamos a la municipalidad a pedir tachos de agua y no nos traen o lo hacen cada 20 días aduciendo que es a causa de que los mismos caminos, que ellos debería arreglar, están en mal estado”, relata el presidente de la comunidad. Sixto Barroso, pastor de la Iglesia Anglicana, dice: “Nosotros hemos escuchado que el intendente había conseguido un pozo, pero vemos que no está”. A esto, el intendente amplía: “En un momento, el empresario de Buenos Aires, Marcelo Tinelli, nos había dicho que nos regalaba tres pozos. Ahí también nos pidieron un pozo para la comunidad La Esperanza, porque realmente estaban sin agua. Pero lamentablemente, ahora que estamos visitando vemos que siguen sin agua, sin el pozo construido. Así que tendré que averiguar qué es lo que ocurrió”.

Sin tierra, nuestros hijos no tienen futuro”

Estas poblaciones originarias, como la gran mayoría, también están amenazadas por terratenientes que se apropian de sus territorios. Más allá que cuentan con un relevamiento sobre su territorio, amparado en la Ley N° 26.160, el presidente y los demás dirigentes comentan que en los últimos años aparecieron cuatro “criollos”, de nacionalidad española, que se autodesignan dueños de las tierras. Estos hombres se acercaron personalmente a pedirles que se retiren del territorio, aduciendo la privacidad, y los cercaron al punto de impedirles el acceso al monte, con lo cual la comunidad ha perdido el sustento diario de madera, alimentos y animales. La tarde llega a su fin. El sol deja sus últimos rayos sobre el monte cerrado. Continuamos el viaje, pero la comunidad La Esperanza sigue esperando una pronta respuesta ante todas las vulneraciones de sus derechos.

(1) Comunicadora Audiovisual/Fotógrafa Documental/poeta/Militante Feminista/

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