Walter Neil Bühler: La coyuntura sanitaria revelaría: ¿Un capitalismo global que se aproxima al colapso?

Walter Neil Bühler, se pregunta en esta columna, ¿cómo será el día después de la pandemia? Plantea tres escenarios posibles. Se pregunta: ¿La coyuntura sanitaria revelaría un capitalismo global que se aproxima al colapso? Esta hipótesis también fue planteada por León Trotsky, líder de la Revolución Rusa de 1917, en su exilio en México.

Con el teletrabajo, se viene el trabajo precarizado y proliferarán las modalidades evasivas de la legislación laboral.

Salta- Argentina (Por Walter Neil Bühler(1).- El ser humano siente una gran incomodidad ante la incertidumbre, al punto que la gran mayoría se pregunta, angustiosamente: ¿cómo será el día después? La salud, la educación, la seguridad hasta el mismo orden político ¿sufrirán grandes cambios? Hay una sensación de que la economía, el trabajo y las relaciones humanas cambiarán sustancialmente tras la pandemia del coronavirus, y hay quienes sostienen que todo seguirá igual. Pero, los eventuales cambios ¿serán de matices o cambios revolucionarios como predice el filósofo Slavoj Zizek?

Walter Neil Bühler, columnista,

La futurología no es una ciencia, en todo caso es un arte que practican quienes prueban de combinar infinitas variables, y, a veces aciertan. Los futurólogos no elaboran sus tesis en base a modelos formales preestablecidos ni aplicando modelos matemáticos y, más que nada, aplican con fervor su creatividad e imaginación. Sin embargo, hay una forma de no errarle: plantear diversos escenarios y a cada uno atribuirle una serie de consecuencias. Eso haremos ahora, planteando tres alternativas que llamaremos a.- Revolución; b.-Transformación y c.- Evolución.
a.- Revolución. – Este escenario supone una crisis apocalíptica, que no podemos desdeñar como hipótesis. Se supone una brutal caída en la economía con múltiples estallidos sociales. No se puede descartar la presencia de multitudes rebelándose contra la inequitativa distribución de la riqueza, rebelión ya latente antes de la pandemia. Ya las películas y series de ciencia ¿ficción? nos han anticipado esas imágenes de marginales y desharrapados (tipo zombi) al acecho de los blanqui-rubios, esmeradamente prolijos, de ojos celestes y 1,85 mts de altura que protagonizan la película y salvan el mundo. A juicio del mencionado filósofo esloveno la epidemia del coronavirus sería una técnica con el poder análogo de hacer explotar el corazón del sistema capitalista global. Para este pensador marxista, La coyuntura sanitaria revelaría entonces “un capitalismo global que se aproxima al colapso” y cuyo desplome inminente redundará en una reorganización casi automática “de la economía global para que deje de estar a merced de los mecanismos del mercado”.
b.- Transformación. – La segunda hipótesis nos habla de cambios profundos en las relaciones humanas y en las relaciones laborales. La utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs), dejarán su lenta incorporación al sistema, para irrumpir abruptamente en distintas formas: teletrabajo en la mayoría de las actividades, robotización (buscando evitar el contacto humano), híper bancarización, profilaxis extrema en los ambientes de trabajo, digitalización de los procesos de producción y de prestación de servicios,
etc. Seguramente se producirá una grave crisis de empleo, y, cuando esto se produce, el “capital” impone sus condiciones aprovechando la oferta indefensa de millones de desempleados.
En un artículo anterior a la pandemia, refiriéndose al futuro del trabajo, el prestigioso profesor Adrián Goldin (ex presidente de la Sociedad Internacional del Trabajo) que los individuos –los que logran ocuparse– tienden a integrarse en relaciones de trabajo que les aíslan, les privan de seguridad y alteran las identidades sociales, flexibilizan casi sin límites las condiciones de trabajo, postergan o cuanto menos ponen en cuestión el respeto de los derechos fundamentales, hacen impracticable la fijación de mínimos salariales, inviabilizan las limitaciones de las jornadas de trabajo, frustran toda posibilidad de voz y acción colectiva y, en fin, trasladan a cada trabajador el costo y gestión de los diversos componentes de su cobertura social (entre ellos, los de salud, higiene y seguridad, así como de los mecanismos para la previsión de sus contingencias sociales).
Por la misma razón habrá más trabajo precarizado y proliferarán las modalidades evasivas de la legislación laboral (plataformas digitales, trabajo parasubordinado, contratos precarios, etc.). Puede que el Estado aproveche positivamente sus perfeccionadas técnicas de invasión de la privacidad, ejerciendo un control de inspección informática sobre las empresas que intenten evadir.
c.- Evolución. – El último escenario es aquel en que las cosas continúan con su normal evolución, con sus tendencias actuales. Las grandes pandemias del último siglo no impactaron fuertemente en la economía ni en las relaciones laborales. Así fue con la llamada gripe española (1918) con sus 75 millones de muertos o la más reciente gripe aviar (2009) que afectó a más de mil millones de personas y matando a cerca de 20 mil. Claro que en ninguna de esas epidemias hubo una reacción tan drástica (¿paranoica?) llevando al cierre total de la economía durante tanto tiempo. Lo cierto es que en la historia reciente las grandes pestes (Fiebre amarilla, sarampión, viruela, sida, ébola, poliomielitis, dengue, chagas, gripes varias, etc.), con sus miles de millones de muertos, no han tenido incidencia directa en las relaciones de trabajo.

(1) Walter Neil Bühler, Abogado. Docente universitario. Periodista.

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