Restaurant La Monumental: A casi dos meses de cuarentena, la situación es desesperante.

La situación económica que provocó la pandemia afectó a todos los sectores de la sociedad y en particular, los restaurantes y bares que se ingeniaron para reconvertirse y salir al ruedo para no perder puestos de trabajo. Adrián Sastre, en representación de la familia Sastre, propietarios de Restaurantes La Monumental, redactó este texto que es un testimonio de una pyme que no se da por vencida. Sigue en pié. Este reclamo que es desgarrador, es un mensaje al Estado para que los auxilie, porque detrás de ellos se hallan más de 50 familias que no pierden las esperanzas en mantener sus puestos de trabajo.

Una imagen de archivo con Mario Sastre y su esposa María, rodeados de sus hijos, son los fundadores de Restaurant La Monumental, lugar clásico de Salta.

Desde este pequeño lugar bien nuestro, bien salteño, muy de nuestra familia salteña, que es La Monumental Restaurantes nos toca informarles a ustedes, amigos, que, debido a un contexto que es de público conocimiento, estamos atravesando una situación difícil, inédita y despiadada que nos lleva a un crítico estado casi terminal. Ojalá fuera una exageración. Lamentablemente no lo es. Por supuesto, sabemos que en la misma situación se encuentra la mayoría, por no decir la totalidad, de las empresas gastronómicas. La cantidad de trabajadores y familias afectadas es altísimo. Desde ya nuestra solidaridad con todos ellos. Restaurantes y bares cerrados entregan la lúgubre postal de una ciudad desolada. Pocas cosas más triste que un restaurante sin gente. Casi nada más triste que una ciudad sin restaurantes.
La Monumental es una empresa familiar de la que dependen más de 50 familias. A lo largo de casi medio siglo fue creciendo, ganándose a base de mucho esfuerzo, riesgos, sacrificios, satisfacciones, éxitos y fracasos un espacio dentro del paisaje de la gastronomía salteña. Fotografías: el viejo Mario detrás del mostrador con la lapicera en la oreja atento a que todo saliera perfecto. La coqueta María atendiendo con su imborrable sonrisa a los amigos que llegaban a poblar las mesas de La Monu. Tantos clientes que hoy son amigos entrañables. Tantas generaciones de familias salteñas que hicieron de este rinconcito de la ciudad su propia casa. Y La Monu los vio transitar: hijos que se convirtieron en Padres. Madres que se convirtieron en Abuelas. Hoy, orgullosamente podemos decir que es uno de los restaurantes más antiguos de Salta. Algunos de sus trabajadores, como los maestros pizzeros, llevan dentro de la empresa casi la misma antigüedad que La Monumental, que habla de los fuertes lazos que unen las relaciones hacia su interior. Ahora bien, ya se dijo: estamos ante una situación angustiante y desesperante; mas no desesperanzada. Como corresponde, desde que se declaró el estado de aislamiento social, en La Monumental acatamos todas y cada una de las medidas dictadas por el Gobierno. La salud es el bien más preciado, ¿Qué dudas caben? A partir de entonces consideramos que podíamos hacer sólo una cosa: aguantar y resistir. Sí, el único norte asequible era paliar el sustento económico mínimo indispensable para tantas familias que dependen esencialmente del funcionamiento diario de La Monumental. No se trataba de demagogia, sólo de supervivencia. Y desde esa amarga pero realista lectura comenzamos a tomar medidas espasmódicas y urgentes. Nos reinventamos y nos adaptamos a un contexto que nos expulsaba desde todos los ángulos. Mantuvimos activo únicamente el servicio de delivery desde tan sólo una de nuestras sucursales. Intensificamos las precauciones higiénicas y sanitarias. Trabajamos y funcionamos a partir de entonces como una suerte de cooperativa social y económica entre trabajadores y empleadores. Formamos dos equipos que se alternan día por medio. Distribuimos los ingresos completos diarios en partes iguales entre la totalidad de los laburantes. Y nosotros ayudamos y apoyamos desde todos los aspectos: entregando pedidos; tratando de llegar a la mayor cantidad de gente posible; organizando desde la logística del reparto hasta el trato con los proveedores; implementando un menú a un valor accesible en un mercado hostigado por una parálisis inusitada; y haciendo lo imposible para mantener nuestros precios estables a pesar de los aumentos constantes y sonantes de las mercaderías y los insumos con los que trabajamos a diario. Hoy, a casi dos meses de cuarentena, la situación continúa igual de desesperante. Con alquileres, servicios, impuestos que agobian y sofocan. Los créditos no llegan. Las pocas ayudas no alcanzan. Las deudas acechan. Las entidades bancarias se muestran insolidarias e inmisericordes. Y cada día es un paso más hacia un gris horizonte que no nos atrevemos a nombrar ni mirar. Más de cincuenta familias, tres sucursales, casi medio siglo de trabajo ininterrumpido con muchas alegrías y algunas desazones. Por supuesto, atravesamos situaciones complicadas a lo largo del tiempo. Muchas. Sin embargo nunca nos sucedió lo de ahora: encontrarnos con la voluntad intacta de luchar pero con la brutal indefensión ante una realidad que se muestra opresiva, asfixiante, y desconcertante. Los momentos difíciles de otrora supimos atravesar poniendo el hombro y trabajando a conciencia para superar. Lamentablemente, este presente inédito nos descoloca y nos desarma. Y aunque la esperanza nos oriente siempre hacia una mirada positiva y optimista, las expectativas nos obligan a observar con amargo escepticismo el corto y mediano plazo.
Sin embargo, la esperanza es necia e irreflexiva. Por eso, decimos: ojalá el paso de esta maldita plaga sólo sea una pesadilla indigesta pero perecedera y el día de mañana nos encontremos juntos y reunidos alrededor de una mesa disfrutando de un sabroso asado o unas buenas pizzas.Ojalá La Monumental siga siendo ese espacio de encuentro, de reunión familiar y de amigos. Ojalá nuestros colegas gastronómicos junto a sus trabajadores puedan sortear este difícil escollo sin perder ninguna fuente laboral. Ojalá los restaurantes y bares nuevamente abran sus puertas y se vistan de fiesta para recibirlos a todos ustedes con sus más sabrosas comidas y sus mejores tragos.
Desde La Monumental les aseguramos que estamos haciendo lo imposible para que así sea. Porque estamos convencidos que la única manera de afrontar esta intricada realidad es mantenernos juntos, unidos trabajadores, clientes, colegas y amigos. Cuidándonos entre todos y, principalmente, siendo solidarios y generando empatía con la situación de cada uno. Y aquí va nuestro más profundo agradecimiento para absolutamente todos ustedes que con su empuje, su aguante, sus mensajes con tanta energía positiva, su paciencia para comprendernos, sus pedidos constantes de menús, de pizzas, de asado nos permitieron y permiten seguir haciendo lo que sabemos y nos gusta hacer: cocinar(les). Gracias por su compañía inquebrantable y por estar siempre.
El presente es oscuro y cruel. El horizonte sombrío. La lucha despiadada. La esperanza inexpugnable y persistente. Ojalá gane la esperanza.

 

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