Pamela Vilán: El Fetiche Sexual en Tiempos de Pandemia.

Pamela Vilán, psicóloga, desmitifica en esta columna, tres conceptos que todavía figuran como tabúes en nuestra sociedad: morbo, fetiche y fantasía en la relación sexual. Relata la historia de Carolina y Ariel que gozaban del sexo fumando marihuana montados arriba de un lavarropa en el lavadero y con las luces encendidas para provocar el celo de los vecinos.

Pamela Vilán, psicóloga especializad en sexología y corresponsal en Capital Federal

Buenos Aires- Argentina (Por Pamela Vilán (1).- En esta oportunidad, quiero referirme a los morbos, los fetiches y fantasías en el sexo. Primero, definiré cada uno. ¿Qué es morbo? Para la persona que padece la enfermedad del morbo es algo prohibido y que puede resultarle cruel a ella misma quien es víctima de esta morbosidad. Es una conducta que va en contra de la moral. Generalmente, nos atrae aquello que se prohibe. Las personas con morbos infringen dolor. Les atrae aquellos actos que a otros les resulta desagradable. Otra categoría de morbo es el sadomasoquismo que tiene relación con el fetiche. Cuando el sadomasoquismo roza el riesgo de vida, por ejemplo, la asfixia en el orgasmo es claramente peligroso. Esa es línea delgada que separa el morbo del fetiche. El sadomasoquismo como el juego látex esposas es un riesgo de violencia extrema. Sigmund Freud en sus ensayos de teoría sexual afirma que “el sadomasoquismo es una manifestación perversa”. ¿Por qué se confunde el morbo con el fetiche?

El fetichismo,en la sexualidad, es la desviación sexual que fija en alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda que provoca excitación y deseo. Hay fetiches de la práctica sexual que son inofensivos a excepción de aquellos que rozan las conductas masoquistas o violencia con la otra persona. Entonces esas personas que necesitan estos fetiches, por ejemplo, que se excitan al lamer pies, para lograr una erección. Lo único que los excita esa parte puntual del cuerpo. Una situación es un juego de roles que tu pareja te pide, por ejemplo,  qué te disfraces de un personaje que te genere satisfacción sexual. Una persona puede fantasear con tener relaciones con dos personas al mismo tiempo o tener sexo en la bañera o con algún personaje famoso de Hollywood.  Fantasear es válido, porque es un juego que la mente te lleva a cualquier lugar donde vos quieras.  Cuando la persona se masturba y cierra sus ojos y se imagina fantasea situaciones, momentos y recuerdos. Ahora, bien, qué sucede con esas personas que necesitan repetir esas conductas. En ese escenario, juega la persona fetichista, porque no puede salir de ese rol y siempre requiere de esa prenda de vestir para lograr su excitación o placer en el acto sexual .

Historia de Carolina
Carolina de 25 años, empezó a salir con un compañero de facultad. Iba todo bien. Salieron un par de veces hasta que el encuentro sexual era inevitable. Había mucho deseo y muchas ganas de concretar. Carolina vivía sola y muy independiente. Ya lo había invitado a su casa dos veces seguidas a cenar y tomar algo. En esos encuentros, no había pasado nada. Ella -me cuenta-  dio señal de que él realmente la valoraba y que estaba tomando en serio, porque no tuvieron relaciones sexuales en los primeros encuentros que se vieron. Hago un paréntesis en este relato.  ¿Por qué habría que privarse de tener sexo en la primera cita?¿Dónde está escrito? Es un chip que tenemos aún hoy en día si la pareja se gusta no hay ningún problema que tengan relaciones y que disfruten sanamente de las regiones sexuales. Existe la creencia que si te acostas con un hombre la primera vez que salis él no te va a valorar o no te va a querer en serio. Cierro el paréntesis y sigo con la historia de Carolina. Ella llevaba ese chip antiguo  -pensamiento machista. No le dio importancia. Llegó el día que la invitó a cenar después del cine. Enseguida le propuso ir a su casa y seguir tomando algo y como era sábado y temprano era lógico que no querían separarse. Se fueron a su casa. Se sentaron en el balcón y ella sacó de su cartera su cigarrillo y un porro. El trajo dos copas con vino blanco espumante y disfrutaron con un poco de música suave mientras disfrutaban de unas pitadas de marihuana. Carolina se sentía increíble, se veía más linda que nunca, sentía excitación al besarlo y también el olor a marihuana en su boca. Era la primera vez que compartía un porro con alguien, pues las dos parejas anteriores, “odiaban” la marihuana. Pero con Ariel era diferente, porque también fumaba marihuana. Ella se excitaba con el olor y el sabor de su boca a marihuana. Esa noche hermosa de verano sentados en ese balcón con su chico, los besos no paraban y llegaban cada vez lejos.  El clima se ponía muy caliente en el balcón, Ariel, se sacó la remera que llevaba puesto y la miro fijamente  y le dijo que no aguantaba la excitación y le agarro de la mano y la llevó adentro a lo que ella no opuso resistencia y entro tomada de la mano de Ariel y se dirigió a la cocina y siguieron de largo por un pasillo hasta el lavadero, un pequeño espacio en el fondo de la cocina con una ventana que daba a la calle para que cualquier vecino, pudiese ver la escena como si fuese de día. Carolina sentía que la luz de esa ventana era tan intensa como su excitación.  El se sacó la ropa mientras ella lo sigue. Ariel la levanta y la sienta en la tapa del lavarropa y se arrodilla y comienza a darle sexo oral. Los dos disfrutaban como el vecino que veía por la ventana. Enseguida Ariel se puso un preservativo y comenzó a penetrarla. Todo venía de diez, con los dos sobreexcitados, con un increíble goce. Todo resultó exquisito. Fueron varios orgasmos de los dos hasta que ella se sintió incómoda en esa posición arriba del lavarropa. Además sintió el olor a los diferentes productos de limpieza que uno guarda en un lavadero. Para colmo su nombre Ariel, le sonaba conocido, porque lo había escuchado en la publicidad de la tele. Le pidió ir a la cama, por la incomodidad del lavarropa a lo que él le respondió: “Mirá quizás debería haberte dicho desde el principio y contado que yo tengo un fetiche”. Carolina me contó que se quedó congelada, porque si bien sabía lo que era un fetiche entre el alcohol y la marihuana estaba media desorientada. No quería entender las palabras de Ariel, quien le confesó que el único lugar donde alcanza el máximo de excitación era en el lavadero con los olores de jabones y suavizantes. Ariel le dio mil justificaciones y se sentió avergonzado por lo que podría pensar Carolina. Salieron algunos meses y el sexo era muy bueno, pero Caro no se sentía cómoda ni aprobaba este fetiche de Ariel. En estos primeros momentos, ella, con la incomodidad del lavarropa, no gozaba, porque “llegué a lastimarme las rodillas y glúteos por el tiempo que permanecía arriba del aparato”, confesó en su relato. Esto es un ejemplo, de fetiche de Ariel quien se excitaba teniendo sexo en su pequeño lavadero con la luz prendida para que todo el mundo pudiese ver con Carolina arriba del lavarropa. La relación quedó en buenos términos. Pero Carolina no siguió. Con este ejemplo, quiero que entiendan las diferencia entre morbo, fetiche y fantasía.
Definimos a la persona morbosa con una desviación que podrían concluir en el exhibicionismo. Son esas personas que se muestran desnudas en la calle. El fetiche es la excitación con alguna parte del cuerpo o alguna prenda en especial en el hombre que requiere que la mujer lleve una determinada ropa interior. Y la fantasía con esa sonrisa en la cara que te hace volar la imaginación y la fantasía.  Siempre digo: disfruten  del sexo sanamente con cuidados y con amor. Hasta la próxima.
(1) Lic Pamela Vilan, psicóloga, columnista. Vive y atiende en Capital Federal. Contacto: +54911-2763-8196.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *