El fin de semana fue sinuoso en materia de negociaciones para los cargos electivos. Con 9 candidatos a la presidencia, se forjaron alianzas con propios y extraños para lograr que todos los espacios políticos estén representados. Solo falta esperar de que a partir del 10 de diciembre, y por voluntad popular, concluya una etapa y comience otra distinta, con un gobierno que se encargue de administrar con responsabilidad -y arreglar en algo lo que nos dejan- un país casi destruido. El pueblo merece explicaciones de todo lo hecho. El nuevo gobernante tendrá en frente a quienes querrán saber, y por ende justicia, por lo sucedido durante la gestión Macri.

Las fauces del FMI
Cuando hace unos años atrás, en plena campaña proselitista, nos daban a conocer sus plataformas, no imaginábamos que hoy estaríamos en este lugar y con estos problemas que hoy nos atañen. Una estampida de sucesos pareció influenciar y para mal en nuestras vidas cotidianas. Es que durante el anterior gobierno, y a sabiendas que existía una inflación, también era verdad que las paritarias siempre tenían un piso que se acercaban a los guarismos anuales de aumentos de precios. Ese equilibrio se mantuvo durante gran parte de los 12 años en el cual Néstor y Cristina programaron una política de Estado de productividad y consumo interno. Esto justamente fue lo que hizo crecer el status, o al menos mantenerlo, de la media de los argentinos.
Influenciados por las mentiras del candidato ganador y por los ocultamiento por parte de los medios hegemónicos de esa verdad que tan necesaria nos son, llegamos a un punto en el cual, de estar bien o ir por el buen camino, fuimos directamente a las fauces del FMI.
Una escalada inflacionaria, deuda externa casi impagable, tarifas por las nubes, un dólar en sus picos históricos, desempleo, pobreza extrema, negociados empresariales (con los amigos), una Reforma Previsional que aniquiló el estilo de vida de nuestros jubilados, represiones y muertes, el blanqueamiento que favoreció solo a un sector, el salario por el piso, iliquidez financiera, tasas de intereses exorbitantes. La reducción presupuestaria o eliminación de programas en la educación, las ciencias, la salud, laborales y de asistencia social la pérdida de derechos adquiridos y de la inefable persecución por parte de la justicia a los verdaderos opositores hicieron mella en gran parte de la sociedad. Las mentiras descubiertas gracias al último apagón nos hicieron recapacitar también al respecto de las empresas energéticas, éstas que pertenecen al actual presidente y que solo figuran sus empleados como CEO’s o mayores accionistas. Con aumentos tarifarios siderales pero que sin embargo se observan las deficiencias absolutas en esta materia. Los aumentos realizados y previstos fueron y son (supuestamente) para mejorar la calidad y servicio de cada una de ellas. No se dio, solo sirvió para que los empresarios ganaran cada vez más y nosotros, que somos la mayoría, viviéramos pagando superlativamente el usufructo de las mismas.
Lo que enumeré en los párrafos anteriores son sólo algunos de los inconvenientes a solucionar. Son parte de algo preparado, algo que se planificó y que en la cabeza de la clase elitista estaba que debía realizarse. El deterioro nocivo de la calidad de vida de los argentinos fue preparado, pensado e ideado para que así fuera.
He aquí, y hago un párrafo aparte, que entra en juego la calidad de nuestros interlocutores políticos. Todo esto no se pudo haber realizado sin el apoyo de nuestros representantes en el Congreso (por órdenes de los gobernadores) y por sus afinidades con el poder de turno. La diferencia de un simple mortal y un/a estadista está marcada en sus presunciones a futuro. Solo nos basta oír el último discurso (como presidenta) de CFK en Plaza de Mayo para darnos cuenta de la divergencia entre unos y otros. Es que quienes se dicen pertenecer a un espacio, debiendo seguir una doctrina social-demócrata-nacionalista traicionaron la voluntad popular, aunando esfuerzos con la derecha patronal en contra de las clases mayoritarias. Bajo estos preceptos también la izquierda es gran culpable y debe hacerse cargo. Su actitud fatídica neutral del voto en blanco fue utilizado solamente para lo que ya sabíamos (algunos) que vendría, la inestabilidad económica. Es que a río revuelto, ganancia de pescadores. No pensaron nunca en el sufrimiento del pueblo.
Muchos, hoy nos hablan de mejorar esta situación, son los mismos que por aliarse o por omisión hicieran de esto un caos. No hace falta nombrarlos, todos sabemos que los Pichetto, Urtubey, Del Caño, y hasta el propio Massa propiciaran este estado de las cosas.
En reiteradas ocasiones vine sosteniendo que falta poco para reestructurar la Nación. El próximo gobierno, que seguramente será peronista, deberá asumir un rol emergente. A su vez debemos tomar nota de todo, el actuar del futuro presidente y sus aliados para con los que destruyeron la contextura debe ser firme y sólida. No debemos permitir que esto quede en la nada. Si esto sucediera, estaríamos frente a una repetición de los hechos en el futuro y justamesto es lo que queremos evitar. Los que pierden siempre son los mismos al igual de los que ganan. Ellos salen indemnes mientras que el pueblo paga las consecuencias de lo que estos hacen. De una vez por todas llegó el momento de que se les haga notar de que quién las hace las paga.
(1) Militante del Partido Solidario, Distrito Esteban Echeverría.

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