Salta - Argentina: jueves 18 de agosto 2022 19:40 hs.
Maru Taruselli: ¿Qué podemos hacer cuando no podemos hacer nada?

Maru Taruselli: ¿Qué podemos hacer cuando no podemos hacer nada?

En esta primera parte de la columna de Maru Taruselli, se formula una serie de preguntas, que nosotros también nos formulamos. Entonces tal vez sea hora de mirarnos interiormente y preguntarnos ¿qué podemos hacer cuando no podemos hacer nada? A continuación se reproduce el texto que seguro desatará -en buena hora- una polémica o no en nuestros lectores:

Salta/Argentina (Por Maru Taruselli (1) ¿Cuántas veces en estos tiempos nos preparamos para asistir al final de la pandemia y lo que llegaba era un recomenzar aumentado en nuevas variantes del virus? ¿Cuántos planes caían dejándonos fuera del alentador futuro imaginado? ¿Cuánta esperanza implosionaba en nosotros? ¿Cuánto pecho, cuánta cabeza, cuánto estómago, cuánta espalda vimos explotar o derrumbarse frente a la incertidumbre de no tener certezas? La humanidad potente y dominante con Google-respuestas para TODO, se quedó sin NADA. La poderosa razón cartesiana del “Pienso, luego Existo” [1] encontró un pensar sin rumbo, vacío de contenido. La conciencia sabelotoda declaró ignorancia. La ciencia investigadora del virus encendió una lucecita de humildad y parafraseando a Sócrates lanzó: “sólo sabemos que no sabemos nada”.[2] ¿Cómo sobrevivir al naufragio? ¿Dónde están los botes? ¿Quién puede liderar este caos? Nuestro intelecto sigue pidiendo explicaciones y respuestas; un mar de especulaciones y sinsentidos busca instalarse y alimentar el desvarío.

  • ¡Señora sáquese el barbijo! ¡Ya no hay más pandemia!, me gritó un hombre que llevaba a tres niños y a su compañera en una moto.
  • ¡No te vacunés no sabés que tienen esas vacunas! Me recomendó enfáticamente una amiga docente universitaria.
  • “La pandemia es una creación ficticia con fines de dominación de un poder que busca controlarnos”, escuchamos vociferar a sujetos desafiantes en las marchas.

Bramidos agónicos de una razón colectiva que muere sin poder dar ninguna pista lógica, sin capacidad de construir hipótesis para contrastar con la realidad. Una realidad que se oculta, que no se muestra… o que no podemos ver ni comprender… Los sistemas racionales esos constructos sociales que explican e interpretan la realidad, pierden sustento cuando el afuera es caótico, amenazante, extremo y virulento. La razón humana se funda en premisas emocionales. Cuando el pánico, la desesperanza, lo desconocido señorean en la sociedad, la razón divaga diletante  y “el hombre es un lobo para el hombre”[3]. Entonces tal vez sea hora de mirarnos interiormente y preguntarnos ¿qué podemos hacer cuando no podemos hacer nada?  Existe un potencial humano al que vemos en acción construyendo, reconstruyendo y volviendo a construir desde el no poder, desde la no posibilidad. La historia evolutiva de la humanidad tiene en su estructura a este potencial desplegándose y dando saltos cuánticos justo en momentos de crisis y de sacudones catastróficos. Las historias individuales de superación de adversidades son muy conocidas. Como sujetos sociales tenemos esa energía dormida en potencia para llegar a ser. No se trata de superpoderes ocultos sino más bien de un maridaje entre latencia y condiciones extremas. Cuando el sacudón nos deja en el vacío sin hacer pie, sin razones ni explicaciones frente a la NADA, replegarnos y rediseñarnos para enfrentar el reto con nuestro potencial humano es el camino para flotar en la gravedad. Para superar la desesperanza y construir confianza, el sujeto humano va encontrando en su naturaleza interna habilidades que puede aprender a desarrollar para rediseñar su esencia social. Una suerte de “Contrato Social”[4] que lo devuelve a un vivir y convivir armónico y colaborativo con los otros.[5] Empatía, curiosidad, búsqueda de propósito, osadía, adaptabilidad, aceptación, atención son sólo algunas de estas habilidades que nos sacan del individualismo y nos devuelven al  tejido social, al linaje donde vamos reconstruyendo las certezas, la seguridad, la soltura y la claridad en el hacer con los otros. La salida social y colaborativa requiere de un emocionar compartido que dirija esa energía hacia el objetivo de crear un modo de vida armónico y constructivo.

[1] Refiere a la verdad que encuentra el filósofo francés René Descartes (1596-1650) en su obra  “El Discurso del Metodo” allí sitúa al sujeto racional y pensante como fundamento de la existencia. [2] Parafraseo de la máxima del filósofo griego Sócrates (470 a.C. – 399 a.C ) “Sólo se que no se nada” quien al reconocer ceguera cognitiva, alumbraba la verdad. [3]  Thomas Hobbes (1588-1679) filósofo inglés en su obra “Leviatán” considera que el hombre es un enemigo atroz de su prójimo en lucha permanente de unos contra otros y que para vivir armónicamente en una sociedad se debe estipular un Contrato Social. [4] Thomas Hobbes, “Leviatán”. [5] Humberto Maturana (1928-2021) biólogo y pensador chileno creador junto con Ximena Dávila de la escuela Matríztica, propone la colaboración como la forma de legitimar al otro y el conversar colaborativo como el medio para salir del individualismo, la competencia y la violencia que genera el desacuerdo y la necesidad de tener razón. Estas ideas están expuestas en su libro “El Árbol del Vivir” MVP Editores.

(1) Coach Ontológica Profesional/Prof Universitaria en Filosofía/@MaruTaruselliCoaching/Contacto:marupuna@gmail.com  

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