Salta - Argentina: martes 23 de abril 2024 02:39 hs.

Gaston Espeche: Vivir es ir al teatro y comer papas fritas.

Gaston Espeche: Vivir es ir al teatro y comer papas fritas.

Salta/Argentina (Por Gaston Espeche(1).- Se viene una nueva edición de libros artesanales cartoneros en Salta. Pero las tapas se hicieron en Tucumán. El NOA unido jamás será vencido! El pueblo unido se va a Estados Unidos, decía Luca Prodan. Pero lo podría haber dicho también con una mano en el corazón, cualquier vecino de esta clase media trepadora (¡hola! sé que me estás leyendo). Y yo no sé si la intertextualidad entre diarios está permitida pero me tomo el atrevimiento de citar la nota que hizo la Gaceta sobre nuestro proyecto editorial. ¡Saludos!

Con Ricardo “Cerebro” Piña compramos dos pasajes de ida, de ida nomás (porque no sabíamos cuándo íbamos a volver de la travesía) a Tucumán, de forma online con la tarjeta de crédito de mi vieja. Ese día me acuerdo que me bañé y no fui a la tarde a trabajar, porque soy un vago planero, orgulloso de mi condición de lumpen.
Una moza o camarera salteña -porque la mano de obra precarizada es siempre de provincias o países limítrofes – nos sirve con una sonrisa tímida pero fresca dos birras artesanales enfrente de la Casita de Tucumán (o por ahí cerca). Y este acto ritual nos convierte redepente en dos turistas, hablando de cosas importantes como el precio de una caminadora; si los perros bulldog tienen un miedo natural o adquirido a los gorros (véase el gorro que usa Richard “cerebro” Piña); o si la cerveza negra en Tucumán tiene otro gusto que la de Salta. Pedí papas sin cheddar. Sin. Cheddar. Las papas son iguales en todos lados. Los bulldog ingleses ladran a las personas con gorro y los bulldog franceses miran todo el tiempo a su dueño.
Dos golpes sordos en pleno centro San Migueleño deja a todos los presentes con los ojos tipo dos de oro. Silencio total ¿Qué era eso?
“Eso eran disparos”, dije. “No, son dos chapas que se cayeron más allá! dijo Ricardo “oído absoluto” Piña.
¿Alguna vez escuchaste un disparo? Te pregunto a vos que me stalkeás siempre (sé quién sos). No es un ruido muy fuerte, ni te creas, tampoco es un Si menor fortissimo. Es una escueta, magra, austera explosión. Eso nomás. Ni más ni menos. La carga de pólvora detonada por el impulso de un martillo dentro de la ante recámara de un arma de fuego propiciada por la caricia de un dedo nervioso o calculador en el gatillo. Y vos mejor que no estés cerca (sí, a vos te digo).
Pero algo pasa en nuestro cerebro, amigx míx, al oír este ruido. Se nos activan ciertas defensas, y miramos hacia los costados mientras nuestra cervical se endereza alejándose de la pizza cuatro quesos que pedimos.
Nuestro oído no está habituado a este sonido; es un producto bastante reciente en el inventario de calamidades que inventó el hombre. El “gran ruido” decía Horacio Quiroga. No sea exagerado Don Quiroga, usted se va por las ramas como los coatíes de sus cuentos. Un Gran Ruido es una tormenta eléctrica, un alud, la caída de un meteorito, un tornado, todo lo que sea producto de la naturaleza (en menor o mayor medida). Ruidos que por millones y millones de años, el ser humano ha oído. Te agarra una preocupación, pero es un miedo “conocido”. Está arraigado en nuestros genes.
En cambio, este otro ruidito todavía no lo tenemos asimilado tan profundamente como al de un trueno. Te aseguro que no sos la misma persona después de escuchar un disparo. No quiero hablar del contexto acá, sino del momento.
En tu cerebro, ya hubo un update de software. En tu banco de datos hay un sonido de stock nuevo, y no te lo vas a olvidar jamás.
Terminamos la cerveza. “Amiga, la cuenta”, le dije a la salteñita. Le dejé propina. Algo que casi nunca hago. Y volvimos al estudio de Silvia “la diabla” Porta Villafañe a pintar cartulina. Durante el viajo de ida, volvimos en asientos separados. Ya nadie aguantaba a nadie.
Y de nuevo en Salta, me junto con Clara “la que nunca sale” a ver “Pluma y la Tempestad”. Era temprano y no hacía frío en esta Salta, cosa que me gustó. Pero más me gustó fue ver, al entrar esta mañana a una farmacia, que había una puta pared sin un puto crucifijo en Salta. Fue una bocanada de aire fresco, me hacía falta, la necesitaba. En todos lados hay un grutita, un santito, una virgencita. Es nuestra firma, bien firme. No hay necesidad de afirmar nada porque esta fe inquebrantable del pueblo, es como el suelo. Nadie dice: “¡Qué firme este suelo!”. Me agotan.
Entonces, la “Pluma” era el nombre de una las personajes, una joven que se hace prostituta y perece en los callejones de una ciudad fría mientras los padres no cesan la monotonía de ir discutiendo y llorando por las cosas que no pudieron lograr en sus vidas. Etcétera, etcétera, etcétera. En fin, dramas familiares. Me llamó la atención su registro poético (en algunas partes) donde por fin pude entregarme de lleno como espectador y “mirar”; ya que otras obras que presencié, cuyos diálogos y frases “graciosas” me habían sumido en la mayor de las resistencias a volver a ver teatro. Sino lean mi artículo sobre “El rol de la mujer…” en la revista Enciudarte (otro autobombo y van…)

Carajo, me gustó y quisiera verla de nuevo a la obra. Tengo ganas. “Pluma y la Tempestad”, de un tal Arístides Vargas… dicen que escribe muy bien.

Teníamos ganas de comer algo finalizada la función y al unísono acordamos ir a comer papas fritas. Es una constante. Llevando mi moto a cuestas como el caracol desembocamos en un lugar, otrora esquina de estómagos hambrientos y sedientos tras horas de baile frenético, que ahora es un local onda McDonalds, con los empleados vestidos todos igual y un… ascensor de comida. No puedo encontrar un buen término. Cosa que la clase media trepadora no tenga que subir escaleras abajo para llevar su pedido. Que se mueva la comida, el pedido de dos hamburguesas con todos los aderezos y papas. Nosotros ya hicimos lo nuestro, pisamos cabezas para poder tener un auto y un duplex en zona oeste. Es así. Pero no voy a decir el nombre del local puesto que ya lo he mencionado anteriormente.
En Salta casi no escuché disparos. Pero si escuché son los bocinazos de una pareja de recién casados y una arquitecta que recién egresa. “Son 150 pesos las papas” dice el letrero. Nos miramos con Clara “la que nunca sale” y pagamos. Había una selección de fútbol en la bandeja; es decir, 22 papas. Ni más ni menos. Pedí otra para ver si lo mío era una alucinación. Ídem. 22 papas, los titulares y suplentes. Me quedé con hambre.
En la televisión anunciaban las 24 horas sin ministro de economía. Nos retiramos con el estómago casi vacío haciendo ruidos asincopados (no somos de la clase media que va a la sinfónica). En la plaza de la Legislatura, los trabajadores mal pagos estaban instalando la estructura edilicia para el próximo acto del nueve de julio. Así desfilen los ponchos artesanales. Hasta los ricos sienten este frío.
Me acuerdo del disparo en Tucumán. Hace meses atrás. No quiero perderme en vida este lujo de pagar una entrada para ver “Pluma y la Tempestad” y después ir a degustar unas papas fritas hiperinflacionadas en la Balcarce con mi amiga Clara “la que nunca sale”. Si esto es vida… qué vida… bah, qué se yo; bueno, lo dejemos ahí. No quiero estar del lado inoportuno de una boca de cañón de un revolver cuando salga a ver la Sinfónica. Postdata: Hay que terminar de hacer esos fucking libros, Ricardo “Cerebro” Piña. Hay que terminarlos. Gaston “2×1” Espeche.10 de junio 2022, San Miguel de Tucumán, Estudio 22 – 7 de julio 2022, Salta, Barrio Ferroviario (la parte de acá de la vía).

(1) Escritor/Profe Inglés/Bohemio/Columnista de LCN/Contacto: +5493874628296.

shop_manager

Articulos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *