Salta - Argentina: miércoles 24 de julio 2024 05:37 hs.

Fernando Barbarán: Diferencias y Similitudes entre los Juicios de Salem y la Justicia Mediática.

Fernando Barbarán: Diferencias y Similitudes entre los Juicios de Salem y la Justicia Mediática.

Salta/Argentina (Por Fernando Barbarán (1).- El 29 de febrero de 1692 se realizaron las dos primeras acusaciones de brujería en el poblado de Salem, Nueva Inglaterra (actual Estado de Massachusetts, EUA) a dos mujeres. Empiezan con esto una serie de juicios que, sin ningún tipo de proceso legal, con testimonios comprados y torturas de por medio, se condenaron a más de doscientas personas y se llevaron a la ahorca a unas veinte por el delito mágico-fantasioso de haber cometido brujerías. En la actualidad, a pesar de los avances en materia legal, poder judicial, derechos de las personas, posibilidad de defensa, entre otros mecanismos de la justicia ordinaria, la justicia mediática sigue teniendo más peso y logra crear un falso sentido común a la hora de juzgar el accionar de alguien o algo. Esto pasó en Salem en 1692 y pasa ahora en el 2022. Muchas veces pesa más la condena por las redes sociales, sin ningún tipo de pruebas o proceso legal. Hay veces que un meme puede generar más pruebas que lo que digan los hechos. Y la gente, en la comodidad de sus pantallas, prefiere no indagar sobre la realidad de las cosas y quedarse conforme con lo que unas cuantas palabras y una imagen tiene para mostrarles, creando así una falsa conciencia. Antes de hacer esta diferencia, es preciso aclarar que los Juicios de Salem fueron condenas sociales a las personas de un pueblo, principalmente mujeres.

Lo que defino como justicia mediática es lo que podemos definir como la creencia de alguien sobre una persona, principalmente minorías, grupos sociales o políticos del campo popular; estas creencias no son nada más que eso, unas ideas que tiene alguien de algo, sin profundizar críticamente sobre su contenido. El punto de unión de ambos es que, en el Siglo XVII, la Iglesia y el Estado utilizaban este sistema de acusación social como mecanismo de control, dividiendo las clases de la servidumbre para mantener así el poder. Actualmente, se utilizan los sistemas que proveen los medios de comunicación y las redes sociales, como los de publicidades y algoritmos, para poder dirigir los pensamientos de las personas, provocando también una pelea intra clase (en la clase explotada) y así mantener el poder y hegemonía del capitalismo. Dentro de las clases subalternas, podemos categorizar para el análisis de este texto a dos grupos sociales:

  • Los <obsecuentes>, que son los dominados cultural y hegemónicamente.
  • Los <resistentes>, quienes se identifican como clase explotada, pero lucha, desde los lugares que le toca, por la mejora social o ampliación de derechos.

 

JUICIOS DE SALEM

JUSTICIA MEDIÁTICA

Se acusaba verbal y públicamente a una persona por brujería. Se acusa verbal y públicamente (principalmente a través de redes sociales) a una persona o grupo por lo que sea.
La brujería era una fantasía mágica que no estaba muy bien definida y no se especificaba qué cosas podían ser brujería o no. La acusación mediática no está basada en argumentos o realidades. Se puede acusar a alguien de “chorra”, sin importar lo que diga la justicia ordinaria.
Como no estaba bien definida la brujería, cualquier cosa que disgustaba los obsecuentes, estos lo definían como tal. Brujería podía ser expresarse libremente, defender intereses ajenos a la Iglesia o al Estado o manifestarse en contra del orden establecido. Como la justicia mediática habilita a acusar libremente de cualquier cosa a cualquiera, los obsecuentes, cuando no les gusta algo, le ponen categorías fáciles de reproducir: “zurdos de mierda”, “feminazi”, “argenzuela”, etc. Actualmente tener una postura anti capitalismo, de libertad de expresión o de defensa de derechos de la minoría, es ponerse en una posición fácil de recibir acusaciones en base a lo establecido por la justicia mediática. Si antes eras bruja o brujo, hoy sos un zurdo o una zurda de mierda.
Los Juicios de Salem y las acusaciones apuntaba directamente a las mujeres. Si bien durante el periodo de Inquisición, la Conquista de América y los mismísimos juicios contra la brujería fueron perseguidos, torturados y asesinados varones en nombre del Señor, las mujeres fueron el grupo social vulnerable más hostigado. Si observamos comentarios por las redes sociales o la forma de presentar noticias de los medios de comunicación, podemos ver que los ataques de los obsecuentes por sus frustraciones, va directo a las minorías o al grupo social resistente: migrantes (“nos quitan trabajo”), pueblos originarios (“no saben trabajar”), movimiento LGBT (“promiscuos, prostitutos”), feministas (“feminazis”), beneficiarios de planes sociales (“vagos planeros”), jóvenes marginados por el sistema (“drogadictos, ladrones faloperos”), entre otros.
El deseo directo de los obsecuentes al acusar a alguien de brujería era verlos recibir el castigo propuesto por la clase dirigente: horca, hoguera, métodos de tortura. El deseo directo de los obsecuentes en la actualidad de acusar a alguna minoría, es verlos recibir el castigo de la clase dirigente: mano dura, represión policial, tortura en comisarías, discriminación o segregación.
La justicia de la época empezaba a funcionar a través de la acusación directa, sin mediar otros procedimientos. Actualmente, la justicia, en base al progreso de la humanidad gracias a los avances del grupo social resistente, provee mecanismos de defensa que exceden a la justicia mediática y muchas veces van a contra mano. Sin embargo, en lo social y a pesar de los progresos, sigue teniendo más peso la justicia mediática.
Al grupo social resistente, se le hacía difícil acceder a juicios objetivos y en base a hechos concretos. A pesar de los avances, a los grupos sociales resistentes se les hace muy difícil todavía acceder a la justicia ordinaria, que, de todas maneras, está definida de base por la clase dirigente. Por esto, los juicios siguen estando marcando por contenidos de clase.
El grupo social obsecuente no estaba tampoco salvado de no caer en la acusación de brujería. El grupo social obsecuente, más allá de sus comportamientos a favor del orden establecido, es víctima también de la justica mediática y del mismo sistema explotador. Por ejemplo, muchas veces escuchamos quejas sobre los sistemas estatales de planes sociales, con frases armadas y de fácil repetición, por personas que son también beneficiarias de subsidios del Estado. Acusan, pero están en el mismo barro.
La clase dominante utilizaba a los grupos obsecuentes de la clase dominada para que sean ellos quienes acusaban sobre las brujerías, con el objeto de desviar la atención de la aparición del iluminismo y la desconfianza que se empezaba a generar sobre la Iglesia y la monarquía. La clase dominante utiliza a los grupos obsecuentes de la clase dominada para que sean ellos los que generen una política de odio contra el resto, con el objeto de desviar la atención al problema central: la concentración de riquezas en pocas personas y el afianzamiento de un capitalismo salvaje.
La clase dominante formaba referentes en la comunidad con el suficiente peso moral para decidir sobre quién aplicaba la brujería y quién no. La clase dominante utiliza referentes intermedios, conocidos como “influencers” para generar las consignas de fácil repetición y volcar el odio contra los grupos sociales marginados, acusándolos como los culpables de todos los males. Por ejemplo, ante la necesidad de aplicar una política de educación sexual integral (ESI), vienen los referentes intermedios y, para evitar la medida, instalan la idea de la “ideología de género”; vienen los grupos sociales obsecuentes, repiten esa frase, se enojan y se quejan contra los grupos que impulsan la ESI y finalmente logran atrasar el avance de derechos.

 

Esto es, solo para mencionar ligeramente, las similitudes entre la práctica de la caza de brujas en el Siglo XVII con la acusación, teñida con un marcado odio de clase, contra los grupos sociales progresistas de los males de la sociedad, fomentando así una política de odio que permite una mayor construcción hegemónica de la clase dirigente. Nuestro amo juega al esclavo.

(1) Columnista en La Columna NOA/Columnista en Radio Novgorod/ferbarbaran@hotmail.com/Contacto: +5493875206852

 

 

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