Buenos Aires-Argentina.- Estela Zanlungo (1), poeta y escritora argentina. Vive en Buenos Aires. Aceptó gustosamente compartir algunos de sus poemas del libro recientemente publicado: Los días del buitre (Ediciones La mariposa y la iguana, 2018). Le dedica un poema a Santiago Maldonado: Preguntamos que empieza con una pregunta:  ¿Alguien sabe qué será de la vida de Santiago, si anoche durmió bien, dónde pasó la tarde, en quién pensó mientras trataba de cruzar el río, si tiene un par de medias secas para cambiarse?

LaColumnaNOA- Tapa del libro Los días del buitre.

Mordaza

La idea de esos años felices

se va cubriendo por delante con una tela sepia,

un lienzo transparente

como el recuerdo de otra vida.

 

Ahora ni una brizna de pasto

ni espiga o vaquita de santo.

Del horizonte viene una arena y un viento

que  la empuja bajo las puertas.

 

Aún así,

han vuelto las mujeres a desplegar los trapos

de par en par postigos y persianas

meta cepillo y balde,

a ver si el agua logra llevarse el maleficio.

Algunos nos lanzamos desesperadamente

como gatos con sed sobre la tierra yerma

los ombligos al cielo.

Se deshace en el aire una bruma amarilla.

 

Preguntamos    

¿Alguien sabe qué será de la vida de Santiago,

si anoche durmió bien,

dónde pasó la tarde,

en quién pensó mientras trataba de cruzar el río,

si tiene un par de medias secas para cambiarse?

 

¿Alguien lo vio volver a casa,

prender el fuego para entrar en calor, llenar

la pava a la mitad,

tirar la yerba de ayer en una bolsa?

Dice mi madre que no hay nada peor

que irse a dormir con los pies fríos.

Mamá,

un hombre solo frente a un ejército

está desnudo para siempre.

 

Corderos

Todos los días me despierto pensando

en escribir sencillamente,
como quien pone a hervir una manzana en un una ollita,

un poema que explique qué está pasando afuera.

Me digo: la poesía no está

obligada a esclarecer

por qué se muere de un invierno tan lento

en una tierra de lombrices

profundas ni a consentir la idea

de que puertas adentro estamos bien.

El aire se está volviendo irrespirable
aunque pronto lo entibie el cambio de estación
y falta un tiempo difícil de medir

para entender si se espera de nosotros

una prueba de amor

que exige ofrecerse a los lobos

por el cuello.

 

Septiembre

El poema decía que el cambio de estación

entibiaría el aire.

Debe ser cierto, porque el gato de enfrente

viene temprano a chuparse una

astilla de luz en la esquina del patio.

Yo tengo tiempo para mirar

al gato que se lame la punta de la pata

y se da vuelta cada tanto en este

cuadradito del vidrio

que me revela cosas inasibles.

De ser verdad,

si el gato vuelve mañana y repite el ritual de estirarse

para que yo lo mire,

pronto estaré cambiando la lana en el placard

por vestidos floreados y sandalias.

 

En Buenos Aires a estas horas

a uno también le dan ganas de asolearse

como si aquí no hubiese sido necesario salir

a preguntar, que digan qué le hicieron

y todo fuese mudar a los estantes altos ropa de abrigo,

como si se pudiese poner un pibe al sol

y revivirlo y decirle a la madre

aquí lo tiene, señora,

no estaba muerto:

sólo esperaba que fuese primavera

para cruzar el río.

 

Intemperie  

Un animal perdido

fuerte y hermoso como un adolescente

deambula por mi calle.

Debe haberse alejado de casa persiguiendo

quién sabe qué.

Pasó la noche enfrente bajo un alero

hecho un ovillo. Le pegaba la lluvia de costado;

diría mi madre una noche de perros.

Lo vi descalza, con la gata enredada en los pies,

me levanté  a poner traba a los postigos que

no paraban de batirse contra el marco.

Hace un rato espié por la cortina:

se rascaba con ganas,

se sacudía  los restos de humedad,

el sol se le instalaba en el centro del pescuezo.

Ahora cada tanto se va detrás de uno que pasa,

da vueltas en redondo y

se sienta después como esperando que vengan a buscarlo.

Seguro que alguien anda poniendo carteles

en el barrio.

¿A quién podría molestarle

que saliéramos todos a preguntar si ha sido visto?

No se trata de un animal abandonado:

sólo se fue hace un tiempo incierto

y se extravió en el camino de la vuelta.

Quién te dice mañana encuentre una señal

y siga la ruta de su olfato.

Por las dudas, que siempre quede

una luz encendida.

 

Bajo control                                 

Se está incendiando el bosque.

En algún sitio hay humo pero lejos,

aquí las mujeres llevan hijos de la mano

esperan antes de cruzar,

y los miran perderse en el patio de la escuela.

 

Mi vecina baldea la vereda temprano,

deja correr un poco el agua

como queriendo mantener a salvo este rincón.

 

Alguien se ríe fuerte en una radio

todos se ríen fuerte,

se enciman en la risa de un modo desquiciado

para que no se escuche la estampida

de los que todavía creen que se puede escapar.

 

Porque todos sabemos que el bosque está incendiándose

y sin embargo la mañana baja amarilla

sobre los fresnos.

Ahora que llega el tren en llamas hay que

tener cuidado y no dejarse confundir

por el sonido familiar que pita y pide paso

como si nada,

cada muerto concentrado en lo suyo.

 

(1) Estela Zanlungo- estelz_@hotmail.com

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