Salta-Argentina.- A medida que transcurren los días la campaña electoral se torna más virulenta a través de nuevas estrategias orientadas por el conocido Duran Barba y de boca de los candidatos en forma directa, mientras el FMI administra el país. Sin restar importancia al asesor y armador del discurso de Macri, el filósofo Alejandro Rozichner, el ideólogo de la revolución de la alegría, del entusiasmo, de la creatividad, y de la sensatez. De todo lo pregonado en los discursos del 2015 queda muy poco que pueda reutilizarse en estos momentos,  quizás la apuesta a seguir inyectando odio a los votantes a través de la mentira y la  tergiversación sobre los candidatos del kichnerismo sea un hecho recurrente y valido todavía, el odio tiene la capacidad de acumularse y captar nuevos odiadores, una vez que se entra, es muy difícil salir. Pero insistir hoy en que hay que sincerarse, que la sociedad había vivido una gran mentira, porque podía trabajar, consumir, comprar electrodomésticos, irse de vacaciones, tener impuestos y tarifas acordes a sus ingresos, ya no tendría su efecto, porque la realidad que viven miles de familias que se debaten entre el desempleo, el hambre y la imposibilidad de cubrir sus gastos mínimos, no lograría revertir el descontento y la disconformidad con el gobierno actual, por lo que en estos días se ha apelado a reflotar viejos miedos, instalados desde antes de la última dictadura cívico-militar. El miedo al comunismo, al marxismo, a la vuelta a la corrupción o convertirse en una nueva Venezuela, pareciera que es lo más valido para reconquistar a los desilusionados, a los indecisos, a los consumidores de los medios masivos de comunicación pertenecientes al grupo Clarín. La filosofía de Rozichner se deja ver detrás de los spots publicitarios de la campaña oficial del macrismo, que afirma entre otras cosas: “Es necesario seguir cruzando el desierto, hacer un éxodo, un camino, salir de la esclavitud (¡que es eso de que la Patria es el otro!) Para ir a una tierra de libertad, fruto del propio esfuerzo, de la libre elección, ir al disfrute, al goce. Es este el camino, nada ni nadie nos podrá detener, ni el mismo estado, allí nos espera un porvenir sin grietas, sin rupturas, con tolerancia, sin conflictos, sin subordinación”. La propuesta es no ser quejosos, no reclamar, no demandar, porque la queja, la insatisfacción, el descontento hay que dejarlos para otros, afirman, no para nosotros. Y en tono pastoril, también afirman: “ Nos esforzamos día a día. Tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos, no esperar que el estado nos resuelva todo”. Estas frases, expresadas en forma directa o encubiertas son hermosos alicientes para alimentar el individualismo, las emociones, y esconden una enorme trampa, como amortiguar el descontento, desmotivar la participación colectiva para realizar los reclamos de los derechos cercenados, para organizarse y hacer frente al saqueo al que estamos sometidos diariamente y enmudecer ante hechos aberrantes como ver desfilando a un golpista como Aldo Rico en los festejos de la Independencia en Tucumán. También permite que palabras del ministro de Defensa minimizando ese hecho, pasen  desapercibidas. Para ellos tener una mirada crítica es puro negativismo, la crítica es fruto del temor y la ignorancia. Por eso, hay que reemplazarla con la inteligencia y la positividad, argumentan. Siguen desde luego, prometiendo la revolución, pero en paz, con alegría, ese es el camino, y ya falta poco. Entonces buena parte de la sociedad se debate en ese discurso que día a día penetra en su cerebro (como una gotera de años, que carcome el piso y arruina las paredes) con la realidad, donde la gran mayoría de las familias ya no llegan  ni a fin de mes con las cuentas y las boletas de impuestos para pagar y algunos ya desconectaron la heladera, porque le cortaron la luz o no tienen nada para guardar. El dilema que se  plantea es si se va a votar con la cabeza o el estómago. Si va a tener más fuerza la propaganda o el discernimiento y la realidad.

(1) Antropóloga. Integrante de la comisión de familiares detenidos-desaparecidos de Orán.

 

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