Editorial: Aniversario del Golpe de Estado de Chile

Este editorial con el título “11 de septiembre de 1973” fue publicado en Revista Boletín CGT en septiembre de 1986. Resolví publicarlo, porque no pierde actualidad en desenmascarar el modus operandi del golpe de Estado gestado y diseñado por la Cía de Estados Unidos y auspiciado por las multinacionales y Diario El Mercurio – como Clarín de Argentina-y ejecutado por Augusto Pinochet Ugarte, jefe del Ejército, quien ordenó asesinar a mansalva al presidente socialista del vecino país.

Salvador Allende, presidente socialista de Chile, derrocado por un golpe militar.

Por Edgar Isaac Castillo (1)

En toda América Latina, se está librando una lucha, sin tregua, contra la dominación imperialista de Estados Unidos y sus socios nativos. En El Salvador, Paraguay y particularmente, en Chile, donde el 11 de septiembre se cumplió el 13º aniversario del asesinato de su último presidente constitucional, Salvador Allende, el pueblo todo (partidos políticos, sindicatos, estudiantes, profesionales y amas de casa) se organiza para derrotar definitivamente a los gobiernos tiránicos, a los gobiernos representativos de los intereses  de las clases privilegiadas  aliadas naturales a los monopolios y trasnacionales, mayoritariamente de origen yanqui.

En el país trasandino- tierra de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Violeta Parra y Víctor Jara- y de tantos otros que ansiaron un pueblo.justo y en paz- desde el mismo momento del bombardeo del Palacio de la Moneda -la casa de gobierno en cuyo interior fue asesinado vilmente el presidente elegido por el voto popular, Salvador Allende, por las hordas criminales del fascista Augusto Pinochet Ugarte- la población comenzó a organizar la resistencia.

Estos gobiernos de neto tinte fascista no surgen de la casualidad, ni tampoco por el fracaso de la “democracia”. El modelo fascista dependiente solo surge en sentido riguroso en aquellos países que han alcanzado un importante grado de desarrollo capitalista dependiente. La crisis económica del sistema capitalista dependiente determina el surgimiento del fascismo en diversos países de este continente. En este caso, no es la gran burguesía nacional la que apoya estos “putsch”, sino el imperialismo, un factor externo quien al ver peligrar su dominio sobre un determinado país, que trata de independizarse y desarrollar una política económica internacional autónoma, recurre al golpe de Estado como última carta, apoyándose en la gran burguesía económica nacional que comparte los intereses del capital internacional. Los militares, formados en sus escuelas, son usados para implantar la disciplina que se necesita para continuar explotando a dicho país. La dictadura militar es, por lo tanto, la última carta del imperialismo y la gran burguesía nacional para imponer su autoridad sobre los países que quieren escapar de su dominio. Esta dictadura militar toma un carácter fascista cuando la clase obrera y el movimiento popular de un determinado país han logrado un grado tal de madurez de organización y movilización como poner en peligro el poder de la burguesía.

Este modelo ejecutado por los “chicago boys” por ejemplo, en Argentina por Martínez de Hoz, Walter Klein, Aleman, etc, en su desarrollo mostró su incapacidad para resolver los problemas principales tales como la desintegración sucesiva de la economía nacional y de la vida social en su conjunto carácter “parcial”, excluyente del desarrollo económico; aumento de los contrastas y las desproporciones entre el sector tradicional y el moderno entre la ciudad y el campo, entre media docena de “centros de progreso” y la periferia estancada, entre el boom económico y el inmovilismo social, etc.

En Chile, como en el resto de los países de América Latina- han aumentado las lacras sociales, desde la mortalidad infantil, los campesinos sin tierra y la crisis de vivienda hasta la situación sin salida en la esfera de la ocupación y al mismo tiempo conversación de los escandolosos privilegios de clase. Estos problemas, aunque Pinochet diga lo contrario, aunque declare el estado de sitio o el toque de queda para desmovilizar a las fuerzas opositoras, a medida que pasan las horas, los días y los meses, se agudizan y serán ingobernables hasta que no caiga el régimen que usurpó el 11 de septiembre de 1973.

En la Argentina, y particularmente en Salta, se realizaron actos evocativos. Se recordó a los caídos en el bombardeo del Palacio de la Moneda, a los miles de detenidos  desaparecidos y a los que siguen ofrendando sus vidas por la libertad, por la democracia y por la paz.  Muchísimos chilenos no pueden volver, han sido desterrados. Pero igual vuelven, como lo hizo clandestinamente el director de cine, Miguel Littin a filmar la realidad chilena al termino de cuyo trabajo, declaró: “Este no es el acto más heroico de mi vida, sino el más  digno”.

(1) Editorial publicado en Boletín CGT- Septiembre 1986.

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