El tiempo se detiene y en ese mismo lugar del terror y la tragedia, renace la memoria, ese extraño nexo entre lo que fue y lo que somos, porque no se trata solo de un recuerdo, son instantes de presente que se proyectan con más fuerza hacia el futuro. Son los sobrevivientes del horror y los jóvenes, adolescentes y niños que están allí presente al costado de la ruta, son las banderas militantes, y es la música y la poesía, son los sueños convertidos en promesas, es Palomita. Ese paraje sobre la ruta, que cada año un 6 de julio nos convoca e interpela. Nos preguntamos que habría sido Salta si ellos estuvieran vivos? Si esos militantes masacrados y los más de 200 desaparecidos estarían hoy con nosotros? Los relatos de las vidas truncadas de los 11 mártires recobran vigencia e interpelan a la sociedad en la que vivimos y en la cual debiéramos vivir.

El frío de julio y la grieta

En este frío julio , nos encontramos con una sociedad salteña atravesada por las carencias, en un medio informan que suman más de 150 las personas que se encuentran en situación de calle en la zona céntrica, sin sumar los que ya están viviendo bajo los puentes, en las márgenes de los ríos y de los principales asentamientos de la ciudad. En  la ciudadanía explotan en comentarios por doquier, hay funcionarios que opinan que son los vivos de siempre, otros dicen que son vagos pagados por el kirchnerismo para hacer quedar mal al gobierno. Otros salieron a criticar a los que visibilizan la realidad, diciendo que les gusta difamar y que están usando el frio para ganar más votos. Hay otros que callan, no opinan nada, pero al pasar por el lado de un compatriota en situación de calle, mira para otro lado. Y hay muchos, más de uno que han salido a hacer colectas, a organizar comidas y bebidas calientes para mitigar en algo ese profundo flagelo del frío y la calle, situación nueva para algunos. Son ellos, los solidarios, los generosos, los valientes,  los que nunca perdieron el lado humano, los Juan Carr, los soñadores, más de la mitad de la población, me atrevería a decir. El frío vino a poner como otras situaciones que vivimos, en evidencia esa grieta que tanto daño nos hizo y por la cual de una u otra manera somos atravesados. Esa grieta que empezó hace décadas y se llevó muchas vidas. Los personeros del odio, de la exclusión, del poder autoritario, esos que mandaron a matar, como ocurrió con los y las militantes asesinados en Palomitas y que aún siguen sueltos, como el juez Ricardo Lona, dejando la herida abierta sin cicatrizar aun. En esas dolorosas décadas, se actuó por la fuerza, la violencia, la desaparición y la muerte, ahora se han desarrollado nuevas maneras, incluyendo solapadamente las antiguas. Desde un gobierno elegido en las urnas se persigue, hostiga y encarcela a los opositores, y también se mata, como a Santiago Maldonado, Nahuel y tantos otros. Se priva de los bienes más necesarios a la población, como una vivienda, comida y trabajo. Y muchos de los que han sido despojados y a los que se atreven a reclamar o denunciar, se los amenaza, se los encierra o se los mata con el amparo de decretos o leyes.

Tragedia y esperanza

Palomitas recrea la tragedia pero también la esperanza. Es evocarlos, es volverlos presentes a través de sus vidas y actualizar el sentido de su elección por el compromiso revolucionario. Esos actos, dichos y proyectos que cada uno de ellos pudieron poner en práctica y que muchos quedaron inconclusos, por mencionar algunos de ellos, Pablo Outes en su corta trayectoria como diputado provincial había presentado un proyecto para que la educación pública sea laica. Georgina Droz, docente de la Universidad, planeaba llevar la alfabetización al norte de la provincia, formada con el educador P. Freire, convencida de que para lograr los objetivos de igualdad, se debía tomar el poder político, militó en Montoneros. Celia Leonard estudiante de la carrera de letras de la UNSA, militó en la Juventud Universitaria católica y en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), de destacada inteligencia y solidaridad. María del C. Alonso, sobrina del Gobernador, Miguel Ragone, del PRT, trabajaba en la municipalidad de Salta, tenía entre otros proyectos, llenar de plantas frutales las plazas de la ciudad  para que los pobres puedan comer frutas. María Amaru Luque, psicóloga y que trabajo también en la Universidad, participaba de la  JP  (Juventud Peronista ) y luego de Montoneros, desde la cárcel escribió a su familia “Los días aquí dentro son juventudes perdidas, son corazones ardientes, llorando melancolía. Que padecen sin razón por defender la verdad, el amor, la justicia y el valor”. En medio del saqueo, la enajenación, la mentira, el engaño y la manipulación, coincidimos con los versos de Teresa Leonardi de Herrán:”De la sangre vertida en Palomitas nacen soles y banderas fraternas “. Ellos y Ellas nos muestran el camino.
(1) Antropóloga. Integrante de comisión de Familiares Detenidos-Desaparecidos de Orán.

 

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