Alcides Balbuena: El gobierno de Alberto Fernández debe pegar el volantazo y retomar el control.

Alcides Balbuena, columnista.

Buenos Aires- Argentina (Por Alcides Balbuena (1).- La mayoría de los que hablamos o debatimos sobre política encontramos ciertas reglas no escritas en la vida de algunos de los que componen la fuerza oligárquica económica o agro exportadora. Ahí notamos que no existe lógica cuando traducen sus pedidos a un gobierno con actos de fuerza o de poder. Todos los gobiernos populares fueron atacados por estos. Ninguno se salvó. De hecho, antes que un nuevo presidente asuma, ya le marcaban la cancha. Piensan que el país es solo para un grupito de 4 mil acaudalados terratenientes que pueden forzar a cualquier Estado para que se pongan a sus pies. De lo que estoy seguro que se la creen, porque no existe una contra ofensiva acorde a los actos o hechos que ellos imponen.
Hace muchos años (1945) un compañero de militancia de mi padre planteó la posibilidad de establecer reglas claras con el tema del agro, la exportación y la producción para consumo doméstico. Justamente él, ya  en aquel entonces veía claramente lo que sucedería cuando ingresemos a este siglo XXI. El panorama o el horizonte temporal proponía el claro debate qué o como deberíamos cambiar para beneficio de los futuros habitantes del país. Yo escuchaba atentamente pero lo que más me llamó la atención de todo lo que dijo fue que “necesitamos un presidente que les ponga los puntos sobre la ies”. Claro está que tuvimos dos pero la continuidad quedó trunca y con eso también la posibilidad de establecer las nuevas reglas de juego.
Varios actores políticos de este gobierno por dentro se hacen preguntas que no tienen respuestas. Estos muchachos las patronales agropecuarias y afines superaron ciertos límites que no debemos permitir que lo vuelvan a traspasar.
Los formadores de precios son indudablemente los grandes supermercados. Ellos se proveen de las corporaciones alimentarias del país (5) y que compran la materia prima a precios muy bajos. Existe una cadena de consumo que inexorablemente termina en el consumidor que somos nosotros. En ese camino observamos dos puntos, el inicio y la meta. No nos enfocamos a ver que hay en el medio y que justamente eso hace que los valores del inicio concluyan en exuberantes precios en las góndolas. Sumemos que los supermercadistas al realizar la compra paga 90 días después y que al pagar lo hace por vía bancaria a través de cheques de hasta 120 días. Ahí ya van teniendo una noción de que los aumentos son fabricados por ellos, entre otros.
Quiero que piensen en algo que es muy importante para el consumidor final. Hace casi tres décadas el presidente Menem llevó adelante la destrucción de la red ferroviaria del país, privatizando, por el mal servicio y el estado deplorable de las lineas férreas -según afirmaba- y que también, en su momento, servía para reducir el déficit fiscal y de paso para modernizar el servicio, ninguna de las dos cosas se cumplieron y de allí en más el tren de carga desapareció paulatinamente de manera casi despiadada. En esa cadena, el transporte ferroviario se perdió un precio por otro mas caro, el del camión. Pero esto solo valdría o serviría para una ínfima reducción y no para una política de precios. Si sacamos cuentas algo no cierra.
El 2020, nos trajo la pandemia pero a eso la acompañó por añadidura el congelamiento de precios en servicios, en combustibles, tasas mas bajas, estabilidad del dólar, paritarias casi inexistentes. Sí debemos entender que la exportación se redujo pero no desapareció como muchos nos quieren hacer creer. El consumo interno se redujo a un mínimo por razones obvias y sin embargo, si tomaramos el parámetro de la oferta y la demanda no tendríamos que haber sufrido esta inflación que nos aflige.
El sueldo se deterioró tanto que hoy para comprar 1 kg de carne necesitamos el 1 % del sueldo (si nos enfocamos a aquellos que ganan bien) o el 3% de lo que gana un jubilado.  La carne, los alimentos manufacturados y los servicios secundarios no tienen un control de precios como si lo tienen los servicios públicos o las energéticas. Ahí se encuentra el error. Si tuviéramos ese control nada podría aumentar porque sí. Para ser mucho mas explícito les voy a dar un ejemplo, debemos tener una posibilidad de control. Desde el inicio de la cadena hasta el final sugiero un esquema a través de un ente que debe ser creado y que sea capaz de verificar los valores de compra para luego, según datos que arroje esa verificación, sea indefectiblemente garante de los precios que lleguen al consumidor final. Un productor primario no puede simular sus gastos si están documentados, ni quien adquiere esa producción y mucho menos el supermercadista que lo pone en góndola. Si cada uno de los eslabones es controlado no podrá sobrepasar los valores y eso también produce otra reacción que es el de la estabilización o en el mejor de los casos, reducción de precios. Si a esto le sumamos que en donde se encuentren las diferencias se logre penar a la empresa en sí, estaríamos ante la gran posibilidad de que se corrijan algunas cosas. Pero para esto se necesita una Política de Estado al respecto.
Es imposible creer que un grupúsculo de empresarios sean los que impongan los valores a la mercancía. Aquí y ahora se nota que es una falacia que los precios son las consecuencias de los aumentos indiscriminados del dólar o de los servicios públicos o del salario. El gobierno o los gobiernos deben intervenir, no pueden hacer la vista gorda. Al respecto de la moneda extranjera tengan bien en claro que quien deba pagar con esa moneda al exterior lo hace al valor del precio oficial y no al del ilegal o blue. La ayuda del gobierno hacia los sectores mas vulnerables (que incluyó a empresas) superó las expectativas pero por lo visto hoy en día se necesita algo mas que eso. Impulsar la economía significa parar la inflación, crear fuentes de trabajo, lograr paritarias acordes y estimular la producción y el consumo interno. La exportación sirve para dejar en las arcas del Estado los dólares que se  requerirán dentro de dos años cuando se comience a pagar al FMI y a los Bonistas. Hace apenas unas semanas los agrarios se levantaron con un paro por el cupo de exportación del maíz. Sabemos que este producto es uno de los de mayor consumo no solo en la Argentina, sino que también en el mundo. El presidente quiere asegurar la posibilidad que la población tenga garantizada el consumo interno con precios acordes. Sin embargo elevaron quejas, porque supuestamente no pueden exportar. Allí, está la disyuntiva, mientras ellos salen con sus banderitas celestes y blancas, queda demostrado con esa actitud es que van en contra de la Patria, solo buscando poder aumentar sus cuentas bancarias (incluyendo las off shore). El gobierno no debe permitir perder el control. La lucha se libra en varios frentes y este es realmente fundamental. Esto no se trata de favoritismo por uno u otro sector. Está en juego la Nación. Algo que pareciera tan inverosímil que ya nos acostumbramos que la oligarquía imponga sus reglas,
Vicentin nos abrió los ojos al respecto del contrabando de la oleaginosas. Utilizando submercados para sacar la producción sin pagar un solo dólar del canon que corresponde. Los camiones que buscaban salir por Misiones fue otro ejemplo. Entonces ¿Nos vienen a decir que son gente que están bajo el amparo de la ley? Nooo, ellos siempre esconden bajo la alfombra todos sus negociados. Luis Etchevehere, Alfredo De Angeli y compañía tendrían que poner todas sus cosas en orden (y a sus secuaces) antes de protestar. Si miramos tan solo unos meses para atrás, y al respecto de la corporación Vicentin, notaremos que los mismos terratenientes se opusieron a la intervención y posible estatización. Ahora bien si tanto se quejan ¿están dispuestos a pagar lo que la empresa le debe al país? Claro que no. Hagamos un ejercicio mental: les comenté sobre el tema ferroviario y su privatización. Ahora bien, si una empresa que es estratégica para el país por razones de consumo interno y exportación, que le debe al Banco Nación una suma que es imposible de pagar ¿Por qué no se puede reestructurar? ¿Cuál es el impedimento? ¿Sí solo los que se dicen ser chacareros y que son unos de los grupos mas ricos del país se oponen? Total, los acreedores son los verdaderos afectados, no pertenecen a este círculo. Ellos son Vicentin y actúan igual mientras que el que tiene 10 hectáreas tiene que hacer malabares para conseguir un préstamo del banco Pirulín. Utilizan a sus empleados para forzar la credulidad de la gente haciendo creer lo que no es. Mientras tanto los sueldos de los mismos empleados se rigen por un régimen totalmente diferente al que conocemos y teniendo un gremio afín a los intereses del terrateniente. Para poner fin a este debate, los bancos (estatales o privados) deberían permitirse observar y reglamentar sus préstamos a quienes hoy se quejan (en vano). Si están fuera de una ley, no deberían permitirles ni un empréstito por mas mínimo que sea. Pero para eso se debe crear la ley.
Muchas cosas por hacer para un solo tema. Hoy, el gobierno no debe dejarse torcer el brazo, porque en caso que lo haga, seguiremos sufriendo desde los 60. Es posible realizar esta maniobra política con el pueblo como aliado. La mejor manera es dar a conocer a ese pueblo lo que sucede y que se quiere hacer. Basta de quedarse callado y arreglar todo entre cuatro paredes. Eso le hace mal al país. La incertidumbre es parte del mal, no debemos seguir permitiendo nada de eso. Que así sea.
(1) Pdte del Frente Ciudadano Patriótico/Miembro del Observatorio Político Somos Pueblo/Buenos Aires.
 
 
 
 
 
 

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