Alcides Balbuena: El asesinato de Fernando debe marcar un punto de inflexión.

LaColumnaNOA- Fernando Baez Sosa.

Buenos Aires- Argentina (Por Alcides Balbuena(1)- El 18 de enero, se escuchó decir a uno de los 10 asesinos de Fernando Baez Sosa, refiriéndose a él, con esa cara que distingue a quienes se creen más con los que menos tienen y también para diferenciarse por el color de piel de una forma denigrante.

Esta frase seguramente lo habremos escuchado infinidad de veces. En mi caso escuché de personas que medianamente tenían algún tipo de cultura terciaria o universitaria o de quienes están por encima de la media intelectual de la sociedad.
Hace unos años trabajaba en una entidad bancaria frente a Plaza de Mayo, en el centro neurálgico de la política argentina y de los reclamos a los gobiernos de turno.
Cada tanto veía marchas en contra de las políticas económicas, sociales y laborales del gobierno de Macri. Allí estaban ellos y ellas, pidiendo una luz para los serios inconvenientes que sufrían y que empeoraría en poco tiempo.
De este lado de los blindex, estaba mirando pasar los problemas hechos carne, hechos ojos tristes y gritos de sufrimientos. Algunos estábamos a favor de los reclamos y otros expresaban su negatividad a lo que sucedía con ese “Negros de Mierda”.
Ahí me di cuenta del sentimiento desclasado que provenía de esas “personas” que económicamente se habían acomodado y comprendía el alcance de esa expresión hacia los que reclamaban.
La hipocresía de sus pensamientos inspiraban cierta bronca en mí. Aún así los escuchaba para tratar de entender la posición adoptada por estos. Realmente no encontraba nada que pudiera estimular algún tipo de empatía con ellos. Nunca podrían entender que las mayorías se encuadran en un espacio ajeno a esos medios que tienen algunos sectores y en otros no existen.
La actitud asumida por los asesinos viene mucho más allá de un estado político. Proviene de las entrañas mismas de la sociedad. Podemos observar como existen asesinos de policías por el solo hecho de serlos o de policías asesinos por el desprecio a quienes no comulgan con sus ideas.
La violencia tapó el pozo. Ya no vale solo ver un robo, sino que no es tal si no existiera un poco de violencia hacia la persona perjudicada con golpes o tal vez un tiro de gracia. Todo se origina en nuestra concepción que nos creemos superiores. He aquí que se nota el desinterés parcial o total a la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.
Odiar pareciera ser la premisa. Odiar a la clase inferior. Se naturaliza esta actitud sin darnos cuenta que dejamos en herencia a nuestros hijos. Ese “te voy a matar, negro de mierda ” es parte de la cultura de los jóvenes.
Creo conveniente advertir que los verdaderos culpables somos nosotros, los que pasamos ciertas barreras temporales y pisamos los 50.
Miremos nuestro pasado como sociedad y notaremos que desde arriba hacia abajo, el desprecio a la vida del otro, se acentuó durante la última dictadura cívico militar. Estos que asaltaron el poder, impusieron el estigma que hoy hace estragos. Con la democracia, el odio se invirtió de la gente hacia los militares. En estos momentos, el odio explosionó gracias a una cadena de hechos que interfirieron en el pensamiento de los individuos, un planteamiento nefasto que nos ubica en tiempos como este. Hoy día abarca cada uno de los hogares, y seguramente si no se replantea el signo que marca seguirá allí.
Los rugbiers imputados por el caso Fernando deben dar cuenta ante la justicia lo que hicieron. Deben actuar de una vez por todas como hombres y no encubrirse unos a otros. Aunque no hiciera falta por las filmaciones, los audios y chats, es necesario que se hagan cargo del terrible suceso.
Cada ser humano sabe lo que hace y porque lo hace. Dañar, perjudicar o lesionar a otros en cualquiera de sus formas merece un castigo ejemplar. El asesinato de Fernando debe marcar un punto de inflexión. El mal que hicieron los rugbiers no debe repetirse.
La violencia siempre lleva a un mal final. Llegó el momento de cambiar el sentido de las cosas. Desde las familias, desde los amigos, desde las escuelas o desde el trabajo. De esta manera, lograremos que nuestra sociedad se humanice con la asunción de nuestra realidad y nuestras culpas.
(1) Alcides Ramón Balbuena- Presidente del Frente Ciudadano Patriótico- Pcia Buenos Aires.

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