A Gines González García le costó el cargo y la Historia lo reivindicará por su labor en Salud Pública.

Antonio Gutíerrez, escritor y psiconalista.

Salta- Argentina(Por Antonio Gutierrez(1).– No entiendo cómo alguien avezado como Horacio Verbitsky, fogueado y con experiencia en todos los entreveros y polvaredas, pueda “inocentemente” haber cometido al menos “tráfico de influencia” y pedido a su amigo ministro ser vacunado, sabiendo que podía comprometerlo y que ese fiel amigo, por ética, y quizá gratitud, no iba a poder negarse. Puso a su amigo en la incómoda disyuntiva de tener que elegir entre obedecer incondicionalmente al deber moral (y negarle la vacuna), o, cumplir con la ética del buen amigo y faltar por un momento a la ley de todos. A veces en la vida, la práctica moral nos enfrenta a situaciones límites y dolorosas, sobre todo cuando están en juego la salud y los afectos: un hijo, unos padres, un amigo entrañable. Hay en la literatura y la filosofía muchos ejemplos de esas encrucijadas que convocan irruptivamente la decisión forzada, sobre todo cuando se trata de lugares de poder. Recordemos, por ejemplo, que en La Iliada, de Homero, el jefe de los Aqueos, Agamenón, que en el Puerto de Aulis aprestaba mil naves para atacar Troya y vengar así la afrenta a su pueblo, recibe del oráculo la información de que un dios estaba deteniendo los vientos para que las naves no pudieran hacerse a la mar. El oráculo le indicó, a Agamenón, que debía sacrificar a su hija Ifigenia como ofrenda al dios para que los vientos se tornaran aliados y los barcos pudieran zarpar y redimir a su pueblo. Cruel disyuntiva. Si Agamenón sacrificaba a su hija, cumplía con su deber moral de líder de un pueblo, pero faltaba a su ética de padre, que es proteger a su hija. Por el contrario, si se negaba a sacrificar a su hija, cumplía con su deber de padre, pero traicionaba su obligación moral de ser fiel a su pueblo. Desgarrado, Agamenón optó por lo primero. El asunto es que cualquiera de las dos opciones implica sufrimiento, inevitablemente. Salvando las enormes diferencias, Verbitsky puso a su amigo, el ministro Ginés Gonzalez García, en una situación similar, de límite entre la moral y la ética. Verbitsky debería haberlo sabido y obrar en consecuencia. A Gines González García le costó el cargo, pero confiemos en que la Historia sabrá reivindicarlo con creces por su inmensa labor a través de décadas en la Salud Pública. Lo reprochable en él es la elección de sus amigos.

(1) Escritor/Psicoanalista/Profesor emérito de la Universidad Católica de Salta. 

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