Por Carolina Heritier (1)

San Salvador de Jujuy.- Cuando la semana pasada Gerardo Morales, gobernador de la Provincia de Jujuy, avaló que 45 niños y jóvenes de entre 10 y 17 años que asisten a la escuela, se pusieran a trabajar, los jujeños vimos en los diarios lo que ya sabemos: que en la provincia, mayormente en el tabaco, hay niños trabajando, haciendo tareas de encañe y desencañe, desflore de tabaco, plantaciones, tareas de peón general, carga y descarga de estufas, entre otras.

Según publicó el diario El Tribuno, pese a que la Ley 26.390 prohíbe el trabajo de menores de 16 años, el gobierno jujeño aprobó varias decenas de casos. Los datos se dieron a conocer en el contexto del “Encuentro de comisiones para prevención y erradicación del trabajo infantil de la región NOA”. En este encuentro se informó que el trabajo no permitido por ley se intensificó en la zona. La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes lanzó que en 2016 y 2017, en Argentina un 10% de los niños y adolescentes trabajan. Esa cifra sube al 13% en el NOA y NEA y a un 20% en zonas rurales. La ley 26.390 es ley con trampa, porque prohíbe el trabajo de menores de 16 años y señala que sólo pueden hacerlo si se trata de jornadas no mayores de seis horas, así como que las tareas no impliquen riesgo, y que no se realicen en horario nocturno, que el salario sea igual al de un adulto en igual tarea y que además cuenten con la autorización de los padres ante la Dirección Provincial de Trabajo. En Jujuy, los pobres están condenados a ser pobres por el simple hecho de nacer pobres. Qué pesadilla. Y a pesar de eso, algunos insisten en defender este tipo de decisiones que perpetúan la desigualdad, argumentando que es una cuestión cultural…”que siempre fue asi”. Y me pregunto: ¿La cultura de quien? En nuestro país las relaciones entre las culturas están marcadas por el conflicto entre la cultura dominante y las dominadas. La cultura hegemónica con su mito de historia lineal y progreso científico deja afuera otras formas de cultura, otras historias, otras formas de construcción de saberes, imprescindibles a la hora de construir significados en nuestro pueblo, donde la familia campesina funciona como una unidad de producción y de consumo. Por ello cada miembro de la familia cumple un rol determinado en la división del trabajo rural. Antonio Gramsci decía que “el poder se gana por las ideas”, porque la batalla por las ideas es la verdadera lucha por la hegemonía. Y, esta última, se da primero en el seno de la sociedad civil. Es decir, cuando se gana en la sociedad, casi siempre se gana en la política. Cuando Gramsci hablaba de hegemonía se refería a la construcción de un modelo de sociedad que en otras palabras— conocemos como “proyecto de país”. Para construir esa hegemonía hay que ir librando distintas luchas en el seno de la sociedad (en el terreno político, en el terreno económico, cultural, etc.). A esto último Gramsci se refería en su famoso concepto “guerra de trincheras” o “guerra de posiciones”; es decir, ir ganando batallas que permitan construir el fin último, la hegemonía. Por eso decía: “Adueñarnos del mundo de las ideas, para que las nuestras, sean las ideas del mundo”. En ese sentido, entiende a la cultura como fenómeno de masas y como herramienta indispensable para construir hegemonía, para construir un modelo societario, destacando así que la madre de todas las batallas es la lucha cultural. Por eso que Morales, el protagonista de la llamada “boda del año”, boda millonaria en una provincia que cerró paritarias en un 5 %; respondiendo a la presión de las Tabacaleras, autoriza a 45 niños a trabajar, dueño del mundo de las ideas, valiéndose de una “tradición cultural” el trabajo campesino de los niños y niñas. De todos los trabajos prometidos este es el único trabajo que vimos crecer los jujeños. Desde un sentido político y cultural, la realidad de toda hegemonía es que, mientras por definición es siempre dominante, nunca lo es de modo absoluto o exclusivo, existen formas de cultura alternativas, y es la cultura dominante la que produce y limita a la vez sus propias formas de contracultura. Por eso, durante muchos años los jujeños y jujeñas vimos niños y niñas siendo felices. En una pileta, en un parque, en una escuela,en un centro de rehabilitación.

MILAGRO SALA

Y todo sin salir de su barrio. Gerardo Morales mantiene presa a Milagro Sala, como la expresión mas viva de la resistencia política y cultural, mantiene presa la solidaridad y la lucha que construye justicia. En estos 1030 días de Milagro presa, los jujeños retrocedimos al año 1900 cuando todavía existía el trabajo infantil como herramienta de las clases dominantes para perpetuar la pobreza. Por suerte el trabajo infantil esta prohibido. Aunque haya un dictador que lo apruebe en su mínimo reino fugaz, tuvimos la suerte de conocer la alegría. Suerte que vimos a nuestros niños creciendo y estudiando con vacunas, escuelas, computadoras y universidades. Suerte que sabemos de que se trata la provincia y el país que nos merecemos y no nos acostumbramos a ver la miseria y la injusticia, suerte que  vamos a seguir dando las batallas, porque tenemos como diría Julio Cortázar “ la sospecha del paraíso recobrable. No puede ser que estemos aquí para no poder ser”.

(1) Comunicadora popular y militante kirchnerista.

Trabajo infantil en el tabaco.
Carolina Heritier, columnista, autora de la nota.

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