Por Ivi Paz Kirchheimer (1)
Diego Armando Maradona es considerado por diversas personalidades del ámbito futbolístico y no futbolístico como “el mejor futbolista de todos los tiempos”.
Ha sido elegido como el mejor jugador del siglo a través de una votación; como así también fue fuerte y mediática la relación que el jugador mantuvo con la droga.
Comenzó a consumir cuando ya era un jugador prestigioso, reconocido mundialmente. Él, en un reportaje, contó que probó la droga a los 24 años de edad, y que fue el error más grande que cometió en su vida. Agregó que esta mata. Por eso, en su periodo de consumo, siendo consultado por los periodistas, dijo: “Déjenme morir en paz”, y ahí está la diferencia, el adicto no quiere vivir, sino que quiere morir; es lo que Sigmund Freud definió como la pulsión de muerte, concepto que utilizó de Thanatos, de la mitología griega (era el dios de la muerte) que designa a las pulsiones que tienden hacia la autodestrucción con el fin de hacer que el organismo vuelva a un estado inanimado, a la desintegración, hacia la muerte, en una palabra, a diferencia de Eros, que es la pulsión de vida.
El instinto de muerte tiene como objetivo hacer retornar la vida orgánica al estado inanimado, y entre sus diversas manifestaciones están la agresividad y la violencia.
Esta agresividad recae sobre el propio sujeto, lo que sería un goce que Freud llamó auto erótico. Es un goce que pasa por el propio cuerpo y no por el otro, rechaza al otro. Fabian Naparstek lo llama también un goce cínico.
El sujeto sufre y a ese dolor lo llena con un goce absoluto, que puede llegar a matarlo. Muchas veces no se dan cuenta de esto, pero quienes lo notan procuran salir de esto. Como expresó el jugador: “Que jugador hubiera sido si no me drogaba”.

(1) Psicóloga-escritora